Reflejos Primitivos

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EL CEREBRO DEL BEBÉ NECESITA ESTIMULACIÓN Y MOVIMENTO PARA MADURAR

LOS REFLEJOS PRIMITIVOS

La importancia de tener un cerebro bien conectado

 

¿Qué son los Reflejos Primitivos?

Los bebés nacen con un cerebro muy inmaduro, pero dotados con un repertorio de movimientos automáticos, llamados reflejos primitivos (RP), muy importantes para su supervivencia y desarrollo durante el primer año de vida. Los RP son dirigidos desde el tronco encefálico, única región del cerebro plenamente funcional en el nacimiento, y deben madurar durante el primer año, para finalmente ser inhibidos desde áreas superiores y quedar integrados bajo patrones de movimiento voluntario.

¿Para qué sirven?

Los RP juegan un papel muy importante en la supervivencia y el neurodesarrollo del recién nacido, permitiéndole adquirir nuevas habilidades. Durante el primer año de vida del bebé, gracias a la repetición de estos patrones motores automáticos, se crean circuitos neuronales que conectan las diferentes áreas del cerebro y permiten su maduración, estableciéndose las bases para el desarrollo cognitivo, conductual y emocional. 

 

¿Qué pasa si permanecen activos más allá de los 3 años?

La persistencia de estos movimientos automáticos más allá de la edad esperada interfiere con el desarrollo físico, mental y emocional del niño/a. Su presencia se asocia a inmadurez en el neurodesarrollo y se consideran factor de riesgo para la aparición de dificultades cognitivo-conductuales: Dificultades de Aprendizaje, TDAH, TEA, etc.

 

 

¿Qué señales puedo observar en mi hijo/a si tiene RP activos?

En el plano motor y sensorial: falta de equilibrio, pobre control postural, tono muscular desajustado (hipotónico vs hipertónico), ¨malas posturas¨, procesos de percepción sensorial deficientes (visión, audición, tacto), pobre conciencia espacio-temporal, ¨torpeza¨ y falta de coordinación motora, dificultades de pronunciación, bruxismo, malas pinzas, hipersensibilidad (vestibular: se marea fácilmente; táctil: le molesta el roce de la ropa; auditiva: se tapa los oidos/grita al hablar; visual: se frota los ojos al leer/ver TV o toma posturas peculiares), falta de preferencia diestra/zurda, etc.

En el plano conductual: impulsividad, dificultad para mantenerse sentado por un tiempo y cuando lo logra evita apoyar la espalda en el respaldo o coloca las piernas en W, problemas para mantener la atención y la concentración, exceso o déficit de actividad (hiperactivo vs hipoactivo), enuresis o escaso control de esfínteres , problemas para socializar, fatiga rápida y rechazo ante tareas escolares, chupa/muerde uñas, pelo o mangas de la camiseta, evita actividades deportivas, etc.

En el plano emocional: según el modelo reactivo del niño/a podemos encontrar en un extremo niños inhibidos, inseguros, miedosos, ¨metidos en su mundo¨ y en el otro extremo niños hiperactivos e impulsivos, fácilmente irritables. En ambos casos, serán niños/as con un alto nivel de estrés e inseguridad emocional, que pueden mostrar frustracción y falta de autoestima.

 

¿Cómo podemos ayudar a nuestros hijos e hijas a integrar los RP activos que interfieren en su calidad de vida?

Podemos aprovechar la plasticidad neuronal del cerebro y retomar estos procesos pendientes de maduración, hasta alcanzar el máximo potencial de desarrollo para cada niño/a particular. Tras realizar una evaluación de los RP diseñamos programas de intervención individualizados, basados en ejercicios con los que se repite el patrón de movimiento del reflejo y todas sus variantes, hasta lograr su completa integración. Estos programas sólo requieren de 5-10 minutos al día, ayudan a prevenir y superar problemas madurativos y favorecen el desarrollo armónico de los niños/as. 

 

¿Cúando podemos empezar a ver cambios?

Es difícil dar una respuesta genérica a esta pregunta. Cada niño/a ha vivido una historia de desarrollo particular, parte de un nivel madurativo diferente y cuenta con un contexto más o menos favorecedor. Trabajar en neurodesarrollo es lento y requiere constancia: son necesarias 3 semanas para establecer las conexiones neuronales y la práctica diaria de cada ejercicio durante al menos 3-4 meses para consolidar dichas sinapsis. 

¿Es equivalente un programa personalizado de estimulación a la práctica de actividades deportivas?

No. Los programas de integración de RP eligen movimientos concretos y precisos con una finalidad terapeútica, según la etapa madurativa en la que se encuentre el niño/a. Por eso, no debemos sustituir los programas de intervención individualizados por actividades motrices más generales. Para integrar los RP y adquirir las habilidades que cada uno proporciona, es necesario retomar todos aquellos movimientos que el bebé desarrolló durante los primeros meses de vida y que, por algún motivo, no se realizaron correctamente o por el tiempo suficiente.

No obstante, la práctica deportiva, con los beneficios que reporta para la salud física y mental, es recomendable y perfectamente compatible con los programas de estimulación. Pero recordemos que muchos niños/as con RP sin integrar evitan participar en juegos y actividades deportivas, se sienten torpes debido a su escasa coordinación motora y falta de equilibrio, pobre percepción espacio-temporal, déficit de coordinación ojo-mano-píe, y a veces, perciben cierto rechazo de sus compañeros al no ser elegidos preferentemente a la hora de formar los equipos.

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BIBLIOGRAFÍA Y LINKS

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https://www.blombergrmt.es/

MNRI The Masgutova Neurosensorimotor Reflex Integration:

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